Grupo de entrenamiento de triatlón, ciclismo y carrera a pie.

Por Juanjo Martínez

El impacto del peso en el rendimiento ciclista



Éste era uno de esos artículos que tenía flotando en la mente desde hacía mucho tiempo, cuantificar objetivamente cuánto hándicap representa un aumento de peso sobre el rendimiento final en una prueba física determinada. Con las fórmulas necesarias y valores de laboratorio, es quizá el artículo más sencillo que voy a escribir. No hay bioquímica, no voy a tener en cuenta posibles cambios biomecánicos (que los hay), no voy a valorar inercias de los segmentos corporales, ni aspectos motivacionales… sólo el efecto puramente físico del peso sobre el rendimiento.

Para ello nos vamos a imaginar a nosotros mismos como un motor capaz de generar un trabajo LIMITADO, acoplado a un sistema de transmisión y ruedas para que se mueva sobre una superficie, parecido a un cochecito radiocontrol. Todos tenemos claro que si le añadimos peso al cochecito, a pesar de estar generando la misma energía para moverse, lo hará a menor velocidad porque las fuerzas a las que se ha de enfrentar son mayores.

Obviando el posible aumento del rozamiento de las ruedas de nuestro “cochecito radiocontrol”, la fuerza que ha cambiado es la resistencia gravitatoria. La GRAVEDAD es una de las cuatro interacciones fundamentales de la naturaleza y en la tierra supone que aceleremos constante y perpendicularmente hacia su centro a 9.81m/s2. Es la responsable de que, a mayor masa (peso), mayor atracción, mayor resistencia. Si viviéramos en la luna esto nos la soplaría…

Pues bien, vamos a ponerle números al “cochecito”, que ahora se ha convertido en un ciclista capaz de generar 250w sobre su bicicleta. Esa potencia en condiciones estándar, sin viento, en un recorrido completamente llano y erguido sobre la bici con 0.5cdA (no acoplado), le supondría mantener una velocidad de 33,82km/h. Extrapolado al recorrido de 90K de un half-IRONMAN, serian 2h39’42”. En el caso de un ciclista de 85k, generar la misma potencia en las mismas condiciones le llevaría a desarrollar 33,66km/h, y pararía el crono en 2h40’24”, una diferencia pequeña, pero no ridícula, 42”. Un ciclista de 65k alcanzaría 33,97km/h y llegaría a la T2 con otros 42” menos, es decir, 1’24”. Ya que debemos recordar que hemos limitado los parámetros para que sea simple, no teniendo en cuenta otros factores.

El gran problema llega cuando el recorrido no es llano. Ahí los 250w del motorcito estándar de nuestro ciclista van a diluirse a medida que las rampas se endurezcan. Entra en juego la evidencia de los w/kg, o “cuánta potencia generas por kilo de peso”. De forma que con un 2% de desnivel, las velocidades de esos tres supuestos se quedarían en 27,16 – 26,1 – 25,05km/h para 65, 75 y 85 kilos respectivamente. Los tiempos se disparan, sobre tan sólo 10 kilómetros el más liviano le sacaría 54” al intermedio, y éste a su vez 1’ al más pesado. Si nos vamos a la gráfica del artículo, vemos que en un puerto de 10K al 8% de desnivel, con el mismo “motor” tardaríamos 45’54” con 65k, 51’48” con 75k (+5’54”) y 58’ (+12’06”) con 85k. ¡Brutal!

Como conclusión podemos afirmar que, sobre 75kilos y a 300w constantes, una REDUCCIÓN de 1 kilo de peso, supone una ventaja de:

-8” en Randa-Cura
-9” en Monte Toro (Menorca)
-11” en Sant Salvador
-13” en el Coll de Sóller (lado Sóller)
-14” en el Coll Femenies
-23” en la Calobra
-26” en el Puig Major

Cabe destacar que aquí hemos reproducido condiciones matemáticas de laboratorio y la realidad puede verse influenciada por múltiples factores. Por ejemplo, es muy probable que el ciclista de 85 kilos genere más potencia que el de 75k, porque no todo su peso será un lastre, aunque esto no siempre es así. De cualquier forma, perder un kilo y pensar que son 13” menos en el Coll de Sóller, es una forma muy interesante de verlo.

El caso de la carrera a pie lo dejaremos para otro artículo.
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