Grupo de entrenamiento de triatlón, ciclismo y carrera a pie.

Por Juanjo Martínez

Microciclos de adaptación al calor

Con el calor de los últimos días, apetece realizar el entrenamiento en horas más tardías, protegidos de las altas temperaturas, pero ¿qué ocurre cuando las competiciones son precisamente en esos picos de máximo calor? Entonces no queda más remedio que intentar adaptarse a esas condiciones ambientales, ya que, de lo contrario, la desadaptación nos puede provocar una disminución drástica del rendimiento (hasta un 20% con una deshidratación de un 2% respecto a nuestro peso corporal). En un estudio de Ely y col, publicado en la revista Medicine and Science in Sports and Exercise el mismo ejercicio con dos temperaturas ambientes de 22º y 40ºC, evidenciaban una disminución del 17% en tan sólo 15 minutos.



Sin embargo, aclimatarse a altas temperaturas puede ser beneficioso, además de prevenir ese estado de inadaptación, por lo que, dependiendo de la disciplina, se trabajan sesiones largas en condiciones de aumento progresivo de la temperatura ambiente con el fin de adaptar los patrones normales de rendimiento a las nuevas condiciones. Para defenderse de esta situación, el organismo inicia la termorregulación por sudoración, un proceso entrenable que supone el cuarto sistema fisiológico de protección térmica (radiación, evaporación y convección son los otros tres).


Destaco lo de ENTRENABLE porque hay varios aspectos que mejoran con el entrenamiento de aclimatación, entre ellos el número y actividad de glándulas sudoríparas, que viene dada por el proceso de aumento de la expresión génica de las mismas, así como la eficiencia de la puesta en marcha del proceso, o la osmolaridad o concentración relativa de electrolitos del sudor, que hace que un sujeto entrenado pueda permitirse sudar más sin una gran pérdida electrolítica.



Los efectos más nocivos ocurren cuando los niveles de calor en el núcleo central alcanzan niveles críticos que no pueden ser compensados mediante el flujo sanguíneo a la periferia para disminuir la temperatura de la sangre. Cuando esto sucede, se produce una intensa vasoconstricción como último esfuerzo para mantener el volumen central de la sangre, de los que resulta un fracaso en la termólisis y un incremento, por tanto, de la temperatura del núcleo interno.


Por cada grado ºC que se eleva la temperatura, el metabolismo celular aumenta un 13%, de forma que a 40ºC el metabolismo supera 50% lo normal. A medida que el metabolismo aumenta, la demanda celular de oxígeno va superando el aporte, y a 42ºC se desacopla la fosforilación oxidativa mitocondrial. Entre los 45 y 46 grados comienza la destrucción celular.


Por tanto, no rehuyas del calor en tus sesiones de entrenamiento, no al menos de forma continua.

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